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Clasificación Taxonómica.

"Los objetos se distinguen y se conocen por medio de su metódica clasificación y dándoles nombres apropiados.  Por lo tanto, la clasificación y la nomenclatura serán la base de nuestra ciencia."

Carl Linneo

(1707-1778)

Es una necesidad de los humanos, forma parte de su naturaleza intrínseca, el hecho de nombrar y clasificar las cosas.  Las aves han sido objeto de análisis y clasificación durante siglos, son el grupo animal con el mayor número de estudios.  Cada uno de estos seres tiene un nombre científico que va más allá de una simple etiqueta; es un símbolo de la convergencia de la ciencia, la lingüística y la cultura.  Los términos latinos utilizados en la clasificación de las aves son una ventana al pasado de la biología, un reflejo del legado de los naturalistas que las han estudiado.

 

Los nombres científicos permiten una identificación precisa y universal entre biólogos, ornitólogos y amantes de la naturaleza.  La historia de la nomenclatura de los animales se remonta a los tiempos de Aristóteles con su Historia de los Animales y se retoma en el siglo XVII cuando los naturalistas como el francés George Louis Leclerc, conde de Buffon, con sus 37 volúmenes de la Historie Naturelle comenzaron a catalogar el mundo de la naturaleza.  Contemporáneo a él y mejor conocido fue el médico sueco Carl Linneo o Linnaeus quien por sus aportes a la historia natural fue ennoblecido por el rey otorgándole la Clase de Caballero y modificando su nombre a Carl von Linné.  En su libro Systema Naturae sentó las bases para la sistematización de la nomenclatura moderna de todos los seres vivos que habitan el planeta.  Su gran aportación a la biología fue la aplicación del llamado sistema binominal que consiste en que todos los nombres científicos están conformados por dos partes: el género y la especie.  El género se escribe con la primera letra en mayúscula y el resto en minúsculas, la especie se escribe toda en minúsculas; ambas palabras en latín y de preferencia con letras cursivas.

 

Bajo los lineamientos de este sistema se crea un nombre único y simbólico para cada especie, lo que facilita su identificación y clasificación eliminando las posibles confusiones de los nombres comunes que varían de región a región.  Los términos latinos reflejan variadas características de las aves como son: colores del plumaje, tipo de vocalizaciones, hábitat, condición de vida, comportamiento, tipo de vuelo y hasta el tipo de dieta preferente.  También enuncian gentilicios y nombres de personas relacionadas con el estudio de la naturaleza; por lo tanto, muchos de ellos son denominativos derivados de variadas lenguas y posteriormente latinizados.  Descubrir el significado del nombre científico de las aves es fascinante por la vasta cantidad de información científica y de cultura general que encierran las distintas denominaciones.

 

Linneo estableció que el primer naturalista que describiera y catalogara una especie nueva tendría el derecho de nombrarla.  Así mismo, quedó determinado que dentro del mismo reino no se podrían repetir nombres ya utilizados, aunque sí se podrían reciclar los nominativos en los otros dos reinos.  También quedó instituida una regla, bastante arbitraria, que plantea que cualquier error de ortografía al momento de nombrar una nueva especie no se podrá corregir o modificar posteriormente por lo que el nominativo deberá quedar registrado tal y como fue presentado la primera vez.  Sin embargo, siendo la ornitología una ciencia viva, a medida que el estudio de las aves avanza y estas se reclasifican, algunos nombres científicos han necesitado ser revisados o actualizados. No obstante, cuando debido a las revisiones taxonómicas realizadas por los especialistas, una especie recibe varios nombres científicos a lo largo del tiempo, la nomenclatura se presta a confusión originándose la problemática de la llamada “sinonimia” lo cual puede ser un desafío para los pajareros aficionados.

 

Es importante considerar que los ornitólogos, cuando investigan las palabras latinizadas que van a nombrar el género y la especie, se apoyan en un criterio científico por lo que deben de hacerlas concordar con información anatómica, fisiológica, genética y de su evolución biológica.  Todos estos son temas que ellos dominan en tanto que los comunes y corrientes pajareros no consideramos esa parte al estar en el campo cotejando las señas de campo de un colorido pajarillo que se dignó posar tan solo para nuestro solaz y esparcimiento.

 

Dicho de manera coloquial, la noción de la etimología de los nombres científicos nos permite conocer las pintorescas historias y las graciosas leyendas que conforman las surrealistas representaciones pictóricas mentales que inspiraron a los especialistas en la clasificación de las aves para nombrarlas.  Conforme a su criterio personal de entendimiento e interpretación estos personajes les aplicaron curiosos nominativos que hoy en día sirven para que los pajareros de las distintas localidades del planeta seamos capaces de reconocerlas e identificarlas en un idioma universal y consecuentemente estar en condiciones de platicar acerca de ellas sin desconciertos ni malentendidos.

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